domingo, 3 de junio de 2012

El Real Madrid ganó 3-2 el Corazón Classic Match al Manchester United con goles de Morientes, Figo y Redondo. Leyendas blancas como Zidane y Roberto Carlos encandilaron a la afición.

Hace tiempo que el Bernabéu es un parque temático para todas las edades además de un estadio imprescindible para puristas del fútbol. Los nuevos tiempos lo han convertido en una pasarela con una exposición permanente de estrellas mundiales cada temporada: las de ahora, Cristiano Ronaldo, Casillas, Benzema... Pero casi emocionan más retrospectivas como las del Corazón Classic Match. Primero, por su fondo. Una buena cantidad de dinero ya viaja a África, lo imprescindible. Y luego, por conseguir la fusión de épocas, por hacer posibles los onces imposibles. Por mezclar a Butragueño con Zidane para que se tiren unas paredes. O para fantasear con qué hubiera sido de Santillana con un Balón de Oro como Figo en la derecha. Todo eso sólo sucede en un partido para buenos nostálgicos en el que sólo echamos de menos un gol de Raúl, la flema de Del Bosque o el chicle de Ferguson, inquilinos del banquillo en aquellos duelos de final y principio de siglo que siempre tuvieron color blanco: en 2000 por el ingenio de Vicente, que optimizó un equipo inferior en lo futbolístico pero con un ganador en cada línea: Casillas, Hierro, Redondo y el insaciable Raúl. Del Bosque demostró en aquella eliminatoria que era mucho más que un entrenador de urgencia para el Madrid. Y luego en 2003, con un Madrid perfecto que era la envidia de Europa con un Ronaldo demoledor. A aquel equipo que se exhibió en Old Trafford sólo le frenaron las lesiones, la mala fortuna y una cabalgada de Nedved en Turín que acabó con Hierro y Del Bosque.



El respetable se divirtió. El tópico siempre invita a escribir que alguno todavía está para jugar, pero se admite que el tiempo de todos pasó hace más o menos (aunque en el caso de Zidane este sería un debate interesante). Incluso así, las más de 60.000 personas que se reunieron en el Bernabéu lo pasaron en grande. Tenían para elegir en la clase suprema de Zidane (aguantó casi el partido entero), los desmarques del Buitre, un par de cambios de juego y alguna subida de Roberto Carlos, la caña de Morientes (que hizo el 1-0) y el toque de Figo (autor del 2-1). Porque hay cosas que no cambian. La disciplina de Chendo, incapaz de salirse del guión ni como delegado ni en un amistoso, los brazos protectores y la técnica individual de Redondo. Ni en el Madrid, ni en el Manchester. Pocos que se desmarcasen como Andy Cole, esa perla que Ferguson robó al Newcastle. Futbolistas camaleónicos como Yorke, que jugó de mediocentro, justo donde terminó su carrera jugando un Mundial con Trinidad y Tobago. O como Lee Sharpe, buen cómplice de Cantona en ese United rebelde que coincidió con el comienzo de la Premier y que ayer hizo el gol del honor de un United que tuvo su mérito, porque con la baja de Keane, Bryan Robson apenas tuvo 14 jugadores para hacer frente a tres generaciones de ídolos blancos. Y combatió hasta el 3-2 y respiró cuando en el minuto 82 se marchó Zinedine Zidane. Cuentan que a muchos, entre ellos a Florentino Pérez, les entró un ataque de saudade y salieron corriendo, cada uno a su casa, a verse la colección entera del francés. Sí, podría decirse que Zizou será inmortal.

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