domingo, 27 de mayo de 2012

Sin piedad. A la manera del primer equipo. El Real Madrid Castilla fulminó al Cádiz (5-1, en la vuelta) en la eliminatoria de ascenso de Segunda. Vuelve a la categoría donde los filiales se foguean de verdad, con brillantez y merced a una generación de futbolistas magnífica que dejó su impronta hasta el minuto final de la temporada.


No podremos calibrar nunca la verdadera capacidad del equipo que dirige Alberto Toril desde el banquillo. El Cádiz no fue rival en ninguno de los dos partidos del 'playoff'. No fue al menos el que se esperaba, el que se había comportado de manera extraordinaria en el grupo IV de Segunda B. Fue un juguete delante de un Castilla formado por jugadores ansiosos de llegar al primer equipo. El ascenso es el penúltimo aviso de que pueden llegar arriba.

Ahora todo dependerá de José Mourinho, dueño y señor de la organización deportiva del club. Este mediodía fue testigo directo, desde detrás de un cristal, de la goleada de unos chicos que maduran a pasos agigantados. Jesé, Mosquera, Joselu y Morata le tiraron de la pechera y le dijeron 'aquí estamos, jefe'.

El empuje del Cádiz apenas duró diez minutos ante la complicadísima empresa de remontar tres goles. Jesé minó su fe con el primer gol (min. 11). Mosquera la quebró de manera definitiva con un tanto de falta desde 25 metros fruto del despiste del portero y la pillería del centrocampista (min. 39). Joselu -que antes había fallado un penalti que no era- acertó con la portería a la tercera vez que repitió la jugada del disparo cruzado y raso de primeras (min. 57).

De Coz dejó testimonio de la presencia cadista en este cruce tras una distracción defensiva del Castilla en el saque de una falta. Mero gol para la estadística (min. 75). Ni siquiera un consuelo del que pueda echar mano José González para relanzar el ánimo de su plantilla ante la segunda posibilidad que se le presenta para el ascenso.

Hubo más. La imberbe delantera madridista encontró tiempo para hacer dos tantos en los últimos diez minutos. Mosquera repitió y Morata se apuntó a la fiesta con un remate en fuera de juego. Fiesta merengue en un campo que pide una remodelación acorde con la categoría del equipo que lo usa. Florentino Pérez lo vio desde el palco. Buen empresario él, comprobó de cerca que su fábrica de talentos es de categoría.

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